Diagnóstico tardío...
Ha pasado tiempo desde la última vez, y la verdad, es que echaba de menos escribir.
Este blog, es un espacio para compartir lo que oigo, leo, recojo de muchas fuentes y de mucha gente.
No pretende ser una formación, ni mucho menos, sino una oportunidad para hablar en positivo de lo que es el autismo, y en concreto el síndrome de Asperger.
Hablamos de síntomas, de características identificativas y desde ese momento, empezamos a ver lo que sí y lo que no encontramos en nuestros hijos.
Una característica que no.... parece que nos alivia, nos consuela un poco.
Pero resulta que otra característica es que sí...
Y así llegamos a la conclusión de que igual como madres no estamos locas, que nuestro hijo es maravilloso, pero que ellos y nosotros no hablamos el mismo idioma.
Y entonces buscamos ayuda...
Y buscamos... y leemos... y preguntamos... y comparamos...
Y nos volvemos un poquito más locas de atar...
Hasta que llegamos al día del diagnóstico y de repente, nos invade esa sensación de rabia por tener razón, por empecinarnos en saber cómo es nuestro hijo, por entender qué es lo que necesita.
Bien, ya lo sabemos... ¿Y ahora?
Ahora es cada día, cada momento.
Pero el camino ya con el diagnóstico en la mano, es tan diferente.
No estás loca, ahora sabes que estás en el buen camino.
Lo único que hay que hacer a partir de este momento es buscar lo que SI:
- Lo que le gusta a tus hijos
- Lo que buscan tus hijos
- Lo que entienden tus hijos
- Lo que les gusta decir a tus hijos
Y descubres que con el SI, se crece.
Y aprendes que el NO, aunque en la mayoría de las ocasiones duele, es necesario.
Los dos van unidos ¿verdad?
Y es que el diagnóstico es como el punto de partida. El punto de mira... desde donde empezar a ver el mundo.
Quiero hacer referencia a este artículo, en el que una chica, es diagnosticada a los 31 años.
Parece mentira, ¿verdad?
Pero lo bueno, es que el diagnóstico, venga cuando venga, siempre es una gran ayuda
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