NORMALIDAD
QUIERO QUE SEA NORMAL
Me he dado cuenta de que yo también necesito ayuda....
Hoy me he visto a mí misma pensando en ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué no es como los demás...?
¿Cómo los demás?
¡Qué estupidez la mía! ¿Quiénes son los demás? ¿Y qué es lo que tienen para que aspire a que mi hijo sea "uno de ellos"?
Ni yo misma lo sé.
Es ese barniz de normalidad que nos ponemos todos encima cada vez que salimos a la calle, para no llamar la atención, para pasar desapercibidos, para formar parte de una sociedad en la que nadie tiene su sitio, porque no se creó para integrar, sino para marcar las diferencias.
Gracias a esa manía por señalar con el dedo a los diferentes, este mundo ha conseguido descubrir a los que son tan sumamente especiales como para cambiar el mundo.
Eso es lo que debería ver cuando miro a mi hijo, que ¡Gracias a Dios! es totalmente diferente.
Somos una contradicción con patas.
Nos pasamos toda la adolescencia intentando formar parte de un grupo y cuando hemos encontrado nuestro grupo ideal, cuando formamos nuestra familia, en ese preciso momento, queremos encontrarnos a nosotros mismos...
¡Ellos se ahorran todo este camino!
Pero sigo necesitando ayuda, para encontrar las palabras, para encontrar un lugar, cerca del suyo en el que consiga comunicarme con él.
Lo que ocurre es que no lo estoy haciendo bien, porque lo importante no es que yo le hable y el me escuche pacientemente, sino que yo sea capaz de escuchar.
Aprender... y volver a aprender
No importa el resultado, lo importante es el camino, para recorrerlos juntos, y simplemente estar allí, por si en algún momento quiere dejarme entrar en su mundo.
Paciencia, escucha, aprender...

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